Me acompañas, te acompaño.

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Tenemos miedo a morir. Tenemos miedo a la soledad. Pero si tenemos miedo a morir solos, todo se multiplica.

La muerte nos conecta con el propósito de la existencia. Solo que cuando llega esa lección a nuestra experiencia dura un instante y si no la comprendemos de manera profunda y consciente, ese aprendizaje se desvanece y volvemos a empezar. 

Si me acompañas a morir, aprenderemos juntos el valor de la vida humana, el sentido del servicio, el propósito de amor que hay en cada experiencia. 

Si te acompaño a morir, tendré el honor de sentir como tu alma abraza la mía, como un segundo es infinito, como el destino unió a dos “desconocidos” para amar sin esperar nada. Siendo ellos mismos. Aprendiendo el uno del otro sin reservas. Emoción con emoción, mente con mente, alma con alma. 

Gracias por permitirme acompañarte a morir. A conectar con ese gran momento presente, en el que nos damos cuenta por un segundo que la vida y la muerte son lo mismo.  

Gracias por permitirme enseñarte la muerte desde el descanso, desde la gran vulnerabilidad, desde el desvanecimiento del ego y la soberbia. 

Gracias por haber pactado este encuentro, este adiós que en realidad es un hasta pronto. 

Gracias por acompañarme. 

Ahora es cuando puedo darme cuenta que me amabas sin conocerme y yo llevaba toda la vida amándote sin saberlo. 

Gracias a todos los sanitarios y enfermos del mundo.  

Héctor Puche

Mano de mi abuelo pocos meses antes de morir agarrando la de su nieto.
3 comentarios
  1. Susana
    Susana Dice:

    Gracias Héctor!!!
    Ojalá se enseñara más sobre este tema,desde pequeñitos y empezar a verlo todo desde otro punto, era algo que me inquietaba hace años, pero creo que tendré que morir muchas veces para poder enseñarlo en los colegios.
    Que bonito es morir y que bonito es vivir!!!
    Gracias por ir plantando semillas ??????

    Responder
    • HECTOR PUCHE
      HECTOR PUCHE Dice:

      Ese es uno de mis proyectos con neuropedagogía para padres en colegios. Aún no ha llegado el momento, esperemos que falte poco para que los menores de 12 años comiencen a aprender cosas útiles para su vida espiritual.

      Responder

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