Los 33 escalones (II)

Continuando con la temática del artículo anterior sobre la constitución septenaria del ser.

La mayoría de los maestros, dicen que los cuatro  cuerpos que conforman la personalidad, normalmente los desencajamos. Cuando tenemos relaciones o discusiones con otras personas, cuando nos sentimos de una manera u otra, los desalineamos.

En el momento en que nosotros pensamos, sentimos y actuamos de la misma forma, estos cuerpos se alinean. Por lo tanto, si empezamos a pensar de forma kanumanas, sentimos de una manera pránica y astral se empiezan a desencajar. Empezamos a actuar de una forma totalmente diferente que si somos disonantes cognitivos,  que si nunca tenemos una alineación. Yo pienso una cosa pero digo otra cosa y hago algo completamente diferente. Entonces, podemos afirmar que somos disonantes cognitivos ya que no tenemos los cuerpos alineados.

¿Y cómo podemos alinear estos cuerpos? Primero debemos saber dónde poner cada cosa. En el momento en que vamos diferenciando dónde va cada sentimiento o emoción, la energía que sentimos hacia la otra persona o las ideas, entonces debemos tratar  de alinearlos desde arriba, desde la voluntad. ¿Por qué? Porque si yo quiero cambiar, realmente quiero hacerlo pero  no lo hago, al final no sucede ningún cambio. Cuando nos alineamos con los cuerpos, tenemos que hacerlo desde la voluntad, ya que la voluntad, es la energía divina. Agma es la voluntad de hacer las cosas sin cuestionarse nada.

Si tu haces algo sin pensar, es porque estás conectado con la intuición, estás conectado directamente con la fuente. Entonces quien opera, es la mente pura en lugar de la mente concreta. Ya no hay ideas circulares, la personalidad pasa a un segundo plano.

En el momento en que yo tengo este proceso de cambio, una de las cosas de las que aprendí es que nacemos inocentes.En este camino de la inocencia nos empezamos a contaminar. ¿Y como sucede? Cuando empezamos a estudiar, llegamos a un estado,  el  de la ignorancia. En este estado nos vienen conocimientos, empezamos a ver lucecitas por todos lados, y vamos saltando de una a otra. Tienes tantas a tu alrededor, que no sabes qué hacer, ya que quieres toda esta información pero no sabes qué hacer con ella, y por lo tanto, te vuelves un ignorante.

En el momento en que pasamos del estado de la ignorancia al estado de las lucecitas, al estado del conocimiento, empezamos a clasificar  qué puede funcionar mejor, esto está más acorde y alineado con lo que yo creo ahora o no, etc. Pero en esta fase tampoco debemos quedarnos, aunque sea un estado más bonito. Los maestros dicen que no nos podemos quedar en este estado ya que te vas a convertir en un eterno estudiante, vas a ir de flor en flor. Entonces tenemos que pasar al siguiente estado que veremos en el siguiente artículo.

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