¿Qué debería tener para ser feliz?

Llevo años escuchando a personas hablar sobre lo cansadas que están de esta sociedad consumista. La falsa necesidad que los medios de comunicación y redes sociales nos crean no tiene límite y es normal, es un negocio como cualquier otro.

Todos queremos vender algo comenzando por nosotros mismos. Queremos que nos crean, que nos quieran, nos acepten, nos escuchen, que nos valoren; y para conseguirlo estamos dispuestos a hacer lo que sea.

¿Qué hay detrás de ese deseo generalizado?

La felicidad.

No conozco a nadie que no la busque. La tenemos como objetivo a corto, mediano y largo plazo. Da igual cómo ocurra. Queremos que suceda tarde o temprano, pase lo que pase. ¿O me equivoco?

La percepción que tengo sobre este monotema de la Felicidad es que cada vez la sociedad crea nuevas estrategias para tenerla en “oferta”. Es un concepto camaleónico. Viene envuelto en forma de bebida, de coche, de pareja, de tecnología, de hijos, de trabajo, de sueldo, de dieta milagrosa, de religión, de vestido o traje, de viaje. Sea cual sea su forma, olor, sabor, textura nunca nos satisface. Y si lo hace, esa sensación dura muy muy poco.

Un gran porcentaje de la población mundial piensa que la felicidad es un estado de ánimo, una emoción o un sentimiento.

¿Se puede estar feliz y triste a la vez?

Si.

Si crees que la felicidad es un concepto que tiene su opuesto, allí está el error de la cuestión.

La ciencia de la felicidad, según sus expertos, dice que es un estado de consciencia que se alcanza tras un entrenamiento mental (fórmula de la felicidad). Ese estado se traduce en una gran cantidad de conexiones neuronales en la zona prefrontal y orbitofrontal del neocortex. Por otra parte, las emociones se identifican, en mayor medida, en una región más “primitiva” de nuestro encéfalo: el sistema límbico.

Ahora, si consideramos que la felicidad es una recompensa y no una conquista del Ser como lo que realmente es, entonces esas conexiones neuronales se verán alojadas en el Sistema de Recompensa (sistema límbico) donde están involucradas la ínsula, el núcleo accumbens, la amígdala, el tálamo, el hipocampo, la zona tegmental ventral por ir nombrando algunas. Todos estas áreas interactúan entre si cuando entra en el cerebro un estímulo externo asociado con nuestra cultura de consumo.

Si comprar es sinónimo de felicidad, luego nuestras conexiones neuronales serán más fuertes en el sistema límbico que en el LPF (lóbulo prefrontal). Estaríamos dandole poder sobre nuestra plenitud a un gran estímulo externo: EL CONSUMO.

Una pregunta para ti ¿realmente mientras más consumimos somos más felices? Lo que he verificado con los pocos años de vida que tengo me dicen que no.

Felicidad = consumo es falso.

Pero si modificamos el significado del concepto felicidad y lo relacionamos con una conquista interna, la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos perderá fuerza sobre la incidencia de los mensajes de marketing hacia nuestro inconsciente y repercutirá muy poco sobre nuestros estados mentales.

El resultado de un entrenamiento diario donde gestionamos mejor nuestras emociones y nuestros pensamientos se llama FELICIDAD